jueves, 31 de julio de 2025

.


Ya perdí la cuenta de las veces que intenté escribir este mensaje.

Miles de combinaciones de letras y palabras, para al final, terminar borrando todo, al no encontrar un acabado “perfecto”, y también, por cobardía.


Estoy siendo terriblemente egoísta al tomarme el atrevimiento de mandarte esto. Pero bueno, supongo que es lo que mayormente me define. Mi egoísmo.

Ahora soy consciente de eso. — Y lo odio. —


Mi mensaje no tiene expectativas de nada. Ni de una respuesta de tu parte, ni algo bueno, ni algo malo.

Lo dejo en las manos de lo que tenga que ser. Me cansé de mi cobardía.

También, creo que, el tener pensamientos un poco fatalistas sobre la muerte y quedarse con arrepentimientos, me motivó.


En fin. Principalmente, André, te pido perdón por aparecer en tu vida sin que lo pidieras. Ni siquiera sé si querías recibir algo de mi parte, y por eso, te di en un principio la libertad de elegir si querías leerme o no.

Sí estás acá, entonces… continuo.


Quiero pedirte profundamente perdón. Hasta el día de hoy, 31/07/2025, sigo con mucho remordimiento.

Siguen apareciendo respuestas, sentimientos, miedos, culpas, nostalgias, risas, y recuerdos de todo lo que fuimos.


Me quedaron palabras atragantadas que hace meses quiero soltar, pero no sabía si era lo adecuado escribirte.

Tus últimos mensajes los tengo casi tatuados en mi memoria, y, recuerdo fervientemente que no querías saber nunca más nada de mí.

Quise desobedecer ese deseo mil veces. Quise ser egoísta mil veces.

Pero no.

Me quedé en el molde. Sin luchar. Sin jugármela.

Sin creer. Sin tener esperanza.


Sinceramente, André… me quedó un dolor profundo al saber que lo nuestro no se terminó por falta de amor. Si no por malentendidos e inmadurez.

También, debo reconocer que, algo que aprendí hace poco es que… es más difícil dejarse amar que amar.

Yo no me dejé amar. No supe escuchar. No supe entender. No supe enfrentarme al conflicto. No supe dejar mi orgullo de lado. No supe comunicarme. Me guié por mi autodefensa. Por lo primero que conozco.


Yo sé que hay cosas que tal vez, ya no tienen sentido decirlas, ¿De qué sirve, no? Si lo hecho, hecho está.

Pero, necesitaba darle un tipo de “final”, a todas las emociones que aún me habitan. A la esperanza, al deseo, a la ilusión, al dolor, al pasado.


Y, más allá de dar un “final”…

Me iba a ir de esta vida totalmente arrepentida si no te pedía perdón.

Perdón por haberte lastimado. Por haberte hecho llorar. Por no haberte escuchado y no saber tener más empatía con tus necesidades en esos momentos.

Por no poder confiar en que una relación se construye de a dos. Por ser impulsiva, por haber sido fría e indiferente ante la vulnerabilidad y sinceridad de tus palabras. Ante tu intento de salvar lo que teníamos.


Habré sido una hija de puta, ¿no?

No te culpo si me odias.

Ni si me dijiste un millón de cosas malas en tu interior, o con otros.

No sé de qué manera manejaste todo eso… Pero todo es válido, mientras te haya ayudado.


Por mi parte, aún sigo en ese camino.

¿Qué se hace con el amor que queda?

Esa pregunta me persigue hace meses.

Le di múltiples respuestas, puestas en práctica e interpretaciones… y, aún me condiciona.


Espero en algún momento, encontrar una respuesta que aliviane y abrace mi alma.

Por el momento, hay que seguir.


Bueno, para finalizar…

Entendí que me dolió mucho perderte como persona más que cualquier otra cosa.

También, ahora entiendo lo que decías. Yo tampoco podría volver a ser tu amiga. No después de todo lo que sentí.


Así que, solo queda, cerrar esto de alguna manera.

Quiero agradecerte por todo lo que fuimos.

Por tantos años de amistad y meses de relación.

Por tantas risas, por tantos malentendidos.

Por tantos conflictos, locuras, días.

Noches en vela, y durmiendo.

Por las películas, canciones, juegos, que compartimos.

Por las miradas, la complicidad, las palabras de amor, los proyectos juntos.

Por nuestra manera de conocernos.

Por nuestra vulnerabilidad.

Por dejarnos llevar, por al menos intentarlo.

Por la comodidad que creamos.

Por nuestras charlas que parecían eternas.

Por tu voz.

Por despertar mi deseo de ser madre, de tener una familia.

Por ser mi primer amor.

Por ser mi primer, “Te amo”.


Más allá de cómo terminó todo, quiero decirte que no lamento haberte amado.

Fue totalmente hermoso estar tan enamorada de vos.

Pido perdón, si no supe cuidar ni llevar ese amor.


Ser humano es totalmente extraño. Es difícil. Complicado.

Y con esto no me estoy justificando.

Solo, que es algo innato en nosotros.

Equivocarnos.


Aunque mis disculpas, tal vez, llegaron algo tarde… Espero que cumplan su cometido.

Espero que entiendas que siempre vas a tener un lugar en mi corazón, y que fuiste muy importante en mi vida y persona.

Gracias, por permitirme conocerte, y amarte…


Eternamente, tatuado en mis recuerdos, y mi corazón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

.

Ya perdí la cuenta de las veces que intenté escribir este mensaje. Miles de combinaciones de letras y palabras, para al final, terminar bor...